Muchos países miembro han comenzado a utilizar estos indicadores del bienestar, que van más allá del crecimiento económico, en su formulación de políticas públicas
La evaluación del desarrollo implica más que la valoración del PIB, y abarca muchos otros aspectos de la vida de las personas. Dichos aspectos varían de un país a otro, reflejando así diferencias históricas, valores sociales e instituciones. En Bután por ejemplo, el concepto de Felicidad Nacional Bruta está firmemente anclado en la formulación de políticas desde los años setentas, el cual se enfoca en la preservación del medio ambiente, la cultura, el desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo así como el buen gobierno. Ecuador, por su parte, incorporó la filosofía indígena del Buen Vivir en su Constitución de 2008, la cual hace hincapié en el papel de la comunidad y del medio ambiente en la formación de la vida de las personas.
El 15 de octubre pasado, la OCDE lanzó la tercera edición de su informe ¿Cómo va la vida? en el marco del quinto Foro Mundial de la OCDE sobre Estadísticas, Conocimiento y Política, celebrado en Guadalajara, México. El informe proporciona medidas comparables del bienestar en 36 las economías más desarrolladas a través de 11 dimensiones, con el fin de capturar elementos esenciales de la vida de las personas: ingreso, empleo, vivienda, educación, salud, calidad del medio ambiente, compromiso cívico, conexiones sociales, equilibrio entre el trabajo y la vida personal, seguridad y satisfacción ante la vida. El informe también analiza tanto la distribución de los resultados de estas dimensiones entre los diferentes grupos de la población, como el capital humano, natural, económico y social necesarios para mantener el bienestar a través del tiempo. Muchos países de la OCDE han comenzado a utilizar estos indicadores del bienestar, que van más allá del crecimiento económico, en su formulación de políticas con miras a una vida mejor.
A pesar de que las 11 dimensiones reflejan los aspectos más trascendentes para gran parte de la población en general, y a medida que analizamos la literatura sobre el bienestar y el desarrollo, los sorprende un hecho que es común denominador en muchos de los países latinoamericanos: los ciudadanos de la región expresan niveles de satisfacción ante la vida más altos de lo esperado, si nos basamos en medidas objetivas del bienestar estándares, tales como el ingreso, la salud o la educación. A menudo denominada como la "paradoja" latinoamericana, la anterior plantea la interrogante acerca de si los aspectos de la vida que son más valorados en América Latina difieren de aquéllos que tienen un mayor peso en otros países. Como resultado, un fuerte sentido comunitario y creencias espirituales son citados con frecuencia en la literatura como factores clave que definen la identidad de las sociedades latinoamericanas con tradiciones culturales arraigadas. Por lo tanto, es indispensable adaptar el marco de bienestar de la OCDE a la realidad de América Latina.
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